Fueron tres años maravillosos acompañando a familias, sanando emociones y compartiendo momentos de crecimiento mutuo. Siempre fuiste solidaria, generosa, y tu confianza llegó al punto de darme el honor de acompañar también a tu hija —tu mayor tesoro.
Gracias, Adriana Rodríguez, por todo lo que me enseñaste.
Gracias por tu profesionalismo, por tu entrega, y por el respeto profundo con el que tratas la educación y a quienes formamos parte de ella.
Y como dijo Marcuse: continuamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario