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lunes, 12 de mayo de 2025

LAS ALMAS QUE SANAN AL CLAN FAMILIAR



Cuando uno se da cuenta que repite patrones del padre o de la madre y desea cambiar ¿Qué sucede?
Quien tiene la iniciativa y el valor de sanar rompiendo patrones, es que ha escuchado el susurro generacional para corregir su descendencia. En algún momento, en todos los linajes, nacerá un alma que escoge llevar la curación a sus ancestros. Estos son buscadores natos de caminos de liberación para el árbol genealógico. Estás personas tienen características muy específicas y claras.
Se reconocen muy fácil:
🔸La oveja negra de la familia.
🔸El que rompe con las tradiciones y costumbres.
🔸El que ve los errores de la familia y los quiere cambiar.
🔸La persona que saca a relucir los secretos de familia.
🔸El que se vuelve holístico y espiritual.
🔸El que no se siente parte del clan familiar.
🔸El raro de la familia.
Los criticados, juzgados e incluso rechazados, esos, por lo general, son los llamados a liberar el árbol de historias repetitivas que frustran a generaciones enteras. Estás personas son juzgadas y mal vistas, pero están haciendo un papel super importante. Es tanto su amor al clan que en este momento juegan el papel del malo para poder ayudar a liberar. Y es posible que esta hermosa alma seas tú, somos la presencia divina.

miércoles, 7 de mayo de 2025

"El poder del abrazo"


Frente a las crecientes situaciones de violencia social y familiar, la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familias ha lanzado su nueva campaña titulada "El poder de los abrazos". Esta iniciativa busca promover el afecto, la empatía y el encuentro como herramientas fundamentales para fortalecer los vínculos familiares y comunitarios, aportando a la construcción de entornos más seguros, amorosos y resilientes.



miércoles, 19 de marzo de 2025

colunma del dia

 Un día para los hombres, una sociedad para todos

Columna del día
Marcelo Torres Cruz
Corporación Laboratorios pedagógicos de familias
Hoy se celebra el Día del Hombre, pero ¿qué celebramos realmente? No es un día de discursos grandilocuentes ni de aplausos fáciles. Es un día que nos encuentra en una encrucijada, en una sociedad que necesita más padres y menos machos, más guías y menos figuras ausentes. Queremos hombres que estén presentes, que ayuden a fortalecer la imagen paterna en niños y jóvenes, que se conviertan en arquitectos de una nueva sociedad.
Pero también queremos hombres que luchen por sus derechos. Durante años, las políticas públicas han estado enfocadas, con justa razón, en proteger a la mujer de la violencia histórica que ha padecido. Sin embargo, en ese afán de equilibrar la balanza, hemos olvidado que la justicia debe mirar a todos con el mismo rigor y la misma compasión. Hoy, muchos hombres sienten que han perdido legitimidad ante las instituciones públicas, que su palabra tiene menos peso en instancias judiciales, que los espacios de conciliación rara vez los incluyen.
No se trata de rivalizar con el feminismo ni de enarbolar un machismo trasnochado. Se trata de construir una conciencia nueva, una sociedad que no necesite de bandos, sino de entendimiento. Necesitamos espacios donde los hombres puedan reconciliarse consigo mismos, trabajar sus traumas, comprender sus emociones sin miedo al juicio. Necesitamos un mundo donde ser hombre no sea sinónimo de dureza ni de opresión, sino de humanidad compartida.
Hoy, en el Día del Hombre, más que celebrar, reflexionemos. ¿Qué tipo de sociedad queremos construir? Tal vez la respuesta no esté en el enfrentamiento de géneros, sino en el reconocimiento mutuo. No se trata de ser más o menos que el otro, sino de caminar juntos hacia una sociedad más justa para todos.



viernes, 21 de febrero de 2025

¿Qué tomamos de los padres?

 ¿Qué tomamos de los padres?

Columna de Marcelo Torres Cruz

Corporación Laboratorios Pedagógicos de Familia

Hay heridas que se heredan como un apellido. Cargas invisibles que llevamos sin saberlo. Al mirar hacia atrás, a ese par de figuras que nos dieron la vida —padre y madre—, descubrimos que el relato de nuestra existencia está marcado por sus luces y sombras. A veces con gratitud. A veces con quejas. Pero siempre, siempre, con una marca indeleble.
Todos, en algún momento, hemos mirado a nuestros padres con reproche. Les hemos reclamado por lo que no supieron darnos, por lo que no supieron decir, por el amor que entregaron a medias o a su manera. Les reclamamos si se quedaron y su presencia fue asfixiante. Les reclamamos si se fueron y su ausencia se volvió un eco que no cesa. Nos quejamos porque nunca fueron exactamente como esperábamos. Pero, ¿alguna vez nos hemos preguntado qué tomamos de ellos?
La infancia es una tierra donde germinan raíces profundas. Allí, entre juegos y silencios, aprendemos a confiar o a temer. La madre nos da el permiso de creer en nosotros mismos, de amarnos, de abrazar la abundancia sin culpa. Pero, ¿qué pasa si ese permiso nunca llegó? ¿Cómo se camina por la vida cuando la voz que debía decir: "Te amo" se ahogó en la garganta de alguien que tampoco lo escuchó en su infancia?
Del padre recibimos fuerza, disciplina, el impulso para conquistar el mundo. Su palabra —o su silencio— construye el armazón de nuestros sueños. Pero, ¿y si esa estructura fue débil? ¿Y si la figura paterna fue apenas una sombra? ¿Cómo se enfrenta la vida si nadie nos enseñó a pedir, a defender lo que merecemos, a luchar por lo que soñamos?
El psicoanalista Carl Jung decía que no somos lo que nos pasó, sino lo que elegimos ser a partir de lo que nos pasó. Entonces, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué elegimos tomar de nuestros padres? Porque, aunque la herencia emocional esté marcada por ausencias o excesos, la vida adulta nos da la oportunidad de decidir. Podemos cargar la mochila de reproches o abrirla para rescatar lo valioso. Podemos quedarnos en la narrativa del dolor o escribir una historia distinta.
"Gracias, tomo mi vida, la tomo de ustedes, toda, al precio completo que les ha costado y que me cuesta a mí". Estas palabras son un acto de reconciliación. Son la aceptación de que la vida no es perfecta, que el amor no siempre se expresa como quisiéramos. Son el reconocimiento de que, para caminar ligeros, debemos dejar de reclamar lo que no fue y abrazar lo que sí es. Tomar todo: la herida y la fuerza. El vacío y la abundancia.
Porque al final, ¿qué tomamos de los padres? Tomamos la vida misma. Y con ella, la posibilidad de convertir cada fragmento, cada herida, en una oportunidad de plenitud. La verdadera herencia no está en lo que faltó, sino en lo que elegimos construir con lo que recibimos.



Marcelo Adrián Camilo Torres entrevistó a Héctor Palau Saldarriaga en el marco de la Media Maratón de Bogotá

  En el marco de la Media Maratón de Bogotá , Marcelo Adrián Camilo Torres , comunicador de la Corporación Laboratorios Pedagógicos de Famil...