Conocí a Nicolás en un momento en el que su horizonte aún no estaba trazado. Era un muchacho con una energía intacta, con la intuición de que había algo más allá, pero sin un mapa claro que lo guiara. Tenía destrezas naturales para las ventas, estudiaba inglés con disciplina, y en medio de esa búsqueda vi en él una chispa, un potencial que pedía ser despertado.
Fue entonces cuando comenzó un camino distinto: el del liderazgo, el de la mentalidad, el de descubrir en sí mismo aquello que a veces dormita en la sombra esperando ser nombrado. Poco a poco, Nicolás empezó a reconocer que su vida podía tener una ruta, un sentido. Y fue así como, con decisión y coraje, eligió la psicología como horizonte vital.
Hoy, Nicolás es estudiante de la Universidad Cooperativa, y no solo eso: ha logrado destacar con uno de los puntajes más altos de la institución, confirmando lo que desde el inicio era apenas una intuición. Yo, que he sido su coach y acompañante, me siento profundamente orgulloso de llamarlo mi pupilo, no solo por lo que ya ha conseguido, sino por todo lo que está por venir.
Este logro no es solo suyo. Es también un homenaje a la fuerza y el amor de su madre, Doña Zoe Ojeda, al respaldo de su padre, a la complicidad de sus hermanos y hermanas. A todos ellos, mi abrazo. Que la familia entera se sienta orgullosa de lo que han sembrado, porque en Nicolás germina un futuro luminoso, un camino que seguiremos recorriendo juntos, con la certeza de que lo mejor está apenas comenzando.

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