El precio de la soberbia
Columna dominical de Marcelo Torres Cruz
Nada destruye más a un país que la soberbia de sus gobernantes. La historia está llena de líderes que, en su afán de imponer su voluntad, sacrificaron la tierra que juraron proteger. Ucrania es un recordatorio de lo que sucede cuando un gobernante confunde el destino de su pueblo con sus propias ambiciones.
Un presidente tuvo en sus manos la posibilidad de salvar su nación y eligió el camino de la guerra, de la obstinación, de la imposición. No entendió que la verdadera riqueza de un país no está solo en sus tierras ni en sus recursos, sino en su gente. Y hoy, el saldo es el de una nación herida, desgarrada, al borde del colapso.
Colombia no puede darse el lujo de repetir esa historia. Nos acercamos a elecciones y es fácil dejarnos seducir por discursos vacíos, por promesas que suenan bien pero que desconocen la realidad de un país complejo. No necesitamos políticos que piensen el país desde un escritorio, que nos digan que en cinco meses acabarán con un problema que lleva sesenta años, que aseguren que no subirán impuestos mientras el país se desmorona por la desigualdad.
Necesitamos un líder que escuche, que entienda que gobernar no es imponer, sino construir con todos. Que comprenda que la educación no es un adorno en los discursos, sino la base de cualquier transformación verdadera. Que valore el talento de cada colombiano y lo convierta en la fuerza que saque adelante a esta nación.
No hay fórmula mágica para cambiar un país, pero sí hay un punto de partida: escuchar a su gente. Ojalá tengamos la sensatez de elegir a alguien que lo entienda antes de que sea demasiado tarde.
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